Solo un rey

Por Álvaro Torres Forero

En el Evangelio según San Mateo y San Lucas, es claro el empeño por demostrar que Jesucristo es descendiente directo de los reyes de Judá y por consiguiente dueño del trono de Israel.


Esta era una verdad implícita en la realidad que vivía el pueblo en ese momento, por ello los magos no preguntaron por el “príncipe” sino por el “rey de los judíos que ha nacido”. La norma de la monarquía es “A rey muerto, rey puesto”, pero Cristo vive para siempre, por lo cual la Palabra de Dios indica, “Mas del Hijo dice: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Cetro de equidad es el cetro de tu reino” (Hebreos 1:8).


Él, según el libro a los Hebreos, es dueño de una vida indestructible. Su soberanía fue establecida por su triunfo sobre todas las autoridades y potestades, y porque “destruyó” al que tenía el imperio de la muerte y porque Él proclamó: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra” (Mateo 28:18); es decir, que su monarquía de tipo absoluta, tiene vigencia eterna.


El apóstol Pablo declara en su primera carta a Timoteo: “La cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores” (1ª Timoteo 6:15). Es decir, que no solo es Rey sino que además es el “Rey de reyes”. Eso lo convierte en el único Rey real por encima de todos. Pero el apóstol no se detiene ahí, sino que lo eleva hasta donde ningún hombre ha llegado ni puede llegar, “Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” (Tito 2:13).


Su trono está establecido sobre verdades y hechos formidables, y contundentes. Todo creyente genuino ha aceptado a Cristo como Señor y Rey de su vida, de tal forma que a Él debe reconocimiento, sujeción, servicio leal y obediencia total; porque todo cuanto es y tiene, ha sido provisto por su Señor. Además tiene la esperanza de reunirse con Él por la eternidad para adorarle continuamente.


La Biblia nos muestra un cuadro imponente e impresionante cuando al fin de los tiempos aparece el Cristo reconocido y triunfante: 

  • “Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES” (Apocalipsis 19: 16).

  • “Pelearán contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:14).

Esta es nuestra  realidad presente y esta es nuestra esperanza: Solo conocemos y reconocemos a un Dios, quien es nuestro Rey y si Él reina nosotros también reinaremos con Él. A Él sea la gloria por siempre.