Tu palabra es verdad

Por Eduardo E. Forero Peralta

Esta expresión la dijo el Señor Jesús cuando pronunció la que sería la oración final por sus discípulos, durante su ministerio terrenal.


Él indicó en esta oración, que les había dado a conocer la Palabra de su Padre celestial y que el mundo los había aborrecido porque no eran del mundo, así como Él no lo era, pero no rogaba que fueran quitados, sino guardados del mal y santificados en la Verdad del Padre; además, que esa Palabra era verdad.


Lo que el Señor Jesús estaba diciendo era santifícalos en tu Palabra, que es verdad. Y ese ruego era no solo por ellos, sino por los que iban a creer en el Señor Jesucristo por su predicación.


Es decir, que en últimas, la expresión significaba declarar que era cierto lo que Dios había dicho acerca de su manifestación en carne, que sus discípulos aceptaron y proclamarían; por eso habían sido aborrecidos, pero pedía que fueran guardados y santificados con la fortaleza de la Verdad.


Dios había declarado que Jesucristo era su Hijo, que estaba agradado con lo que hacía, y había mandado que lo oyeran, según Mateo 17:5; también había enviado el mensaje que salvaría a su pueblo de sus pecados, y que el Señor Jesús había sido engendrado por el Espíritu Santo, de acuerdo a Mateo 1:20-21, era el Hijo de Dios, esa era la Palabra Divina.


Además, Jesucristo explicó que les había dado a conocer su Palabra, y que no había hablado de sí mismo, sino lo que el Padre le había dicho que expresara, lo que equivale a decir que todo lo que predicó y enseñó era el mensaje Divino.


Ante eso, es conveniente recordar lo que había dicho en una ocasión Pedro: “Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68). De tal manera que, por lo menos Pedro había aceptado que esa Palabra verdadera lo conducía a la vida eterna.


Entonces ¿qué es ser santificados en la palabra Divina? Según el contexto y lo que Jesús había dicho en el capítulo 15 del Evangelio según Juan, cuando expresó que ya estaban limpios por la Palabra que les había hablado, significa que la Palabra de Dios, que es verdad, permite adquirir un grado de armonía con Él, porque logra que aceptemos y creamos en Jesucristo, que es la única manera de ser recibidos por Dios. Permite depositar nuestra confianza en la obra de Jesucristo en el Calvario, en su resurrección y a esperar su venida, según lo prometió.


Esa es la síntesis del Evangelio, por eso creer en Él es aceptar la Palabra de Verdad, que el mundo cuestiona, no quiere recibir y ridiculiza con expresiones como: Es anticuado, retrógrado o sencillamente se piensa que es una ilusión o ideas anticientíficas.


Pero, además, como el mundo ha adoptado formas de vida que controvierten la Palabra de Dios, se hace burla de la fe en Jesucristo para estar a tono con conceptos post-modernos que todo lo relativizan.


Así que, no es de extrañar cuando la Palabra sembrada en los corazones, no logra echar raíz por las piedras que representan las persecuciones, burlas y aborrecimientos que se desatan sobre esos creyentes. Es necesario orar para que la semilla dé el fruto que corresponde, a treinta, sesenta y ciento por uno.