Un ruego

Por Jhon Fabio García

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego con acción de gracias” (Filipenses 4:6).


Definición: se denomina ruego a un pedido o una solicitud que una persona realiza con la intención de obtener aquello que requiere. Procede etimológicamente del latín “rogare” cuyo significado original era realizar una petición con la mano extendida.


Sinónimos: solicitud, súplica, petición, clamor, plegaria, invocación, oración.


La palabra ruego hace alusión a la acción de pedir y su efecto, es una solicitud insistente y apasionada. En nuestro contexto, hoy más que nunca necesitamos unirnos en ese ruego delante de la presencia del Señor “Claman los justos y Jehova oye…” (Salmos 34:17).


Si bien es cierto, hemos ido avanzando para bien en muchos aspectos que nos han permitido trascender a nivel cultural, social, geográfico y económico, no obstante se debe hacer un alto en el camino y preguntar ¿cuál ha sido el trasfondo de todo esto, qué hay detrás del telón, cuáles fueron esas raíces que nos han permitido avanzar y llegar hasta lo que tenemos hoy?


Remontándonos en la historia podemos ver que hubo ruego, clamor y oración. Esto, permitió llenar templos, el derramamiento del Espíritu Santo, gente dispuesta para servir a Dios, hogares y familias bien estructuradas con menos pertenencias materiales pero más efectivos en lo espiritual.  Ese ruego generó la respuesta de Dios con conversiones, sanidades, milagros, prodigios, abriendo puertas en lugares inpensables como: cárceles, hospitales, colegios, universidades, instituciones gubernamentales, entre otros; y sin duda alcanzaremos mucho más, pero no podemos descuidar lo que ha sido tan efectivo por tantas décadas.


Lo profesional, lo técnico y las herramientas actuales no son malas, pero si no van de la mano con el ruego y el clamor a Dios, serán solamente eso. “herramientas y estrategias humanas”, y realmente lo nuestro no funciona así.


Recordemos el acontecimiento de la criada de Abraham “Agar”, tuvo que salir de la casa de su señor con su hijo, Abraham le dio una provisión para el camino, puso pan y un odre lleno de agua sobre su hombro, ella anduvo errante por el desierto de Berseba y esta provisión no fue suficiente, se le agotó. A ella le embargó la tristeza, la amargura, simplemente esperaba la muerte de su hijo y lo puso a la distancia para no ver su partida, pero el muchacho alzó un ruego y Dios escuchó la voz del joven, todo se reactivó en él y nada le faltó.


La provisión del hombre (Abraham) se acaba, tiene límite, tiene fin, es de corto alcance; pero la provisión divina (Jesucristo) no termina, es ilimitada.


Hoy más que nunca, el pueblo del Señor debe unirse en un clamor en los templos, las casas, volver a los ayunos, vigilias, oración y ruego en las madrugadas, porque hay una generación que está agonizando y como Agar los vemos a la distancia y nos sentimos impotentes a tan gran necesidad, pero tenemos la solución “Clama a mi y yo te responderé…” (Jeremías 33:3).


El desafío es grande, hay una decadencia moral, pérdida de identidad, se ha desestimado el valor de la vida. Esta generación ha perdido su rumbo, a lo malo llaman bueno, se ha envanecido en su razonamiento y su corazón se ha endurecido. Están deshonrando entre sí sus propios cuerpos, cayendo en hechos vergonzosos, cambiando el uso natural por el que es contra naturaleza, se han encendido en su lascivia unos con otros; y todo esto no se puede solucionar con pañitos de agua tibia o con simples terapias, hay que retornar a un ruego de Iglesia como un solo hombre y a la obediencia de la Palabra en medio de este panorama tan gris con un marco de referencia no tan agradable, y donde el amor de muchos se puede enfriar, llama la atención de una manera muy fuerte la enseñanza del señor Jesucristo, cuando habló con el apóstol Pedro a quien le dijo: “Yo he rogado por ti, que tu fe no falte…” (Lucas 22:32).


El mismo señor Jesús, hizo un ruego por su apóstol. Nos corresponde como iglesia del Señor no olvidar el secreto, los devocionales familiares, el ruego, la súplica en todo tiempo para que el Señor obre de una manera maravillosa y su pueblo sea guardado hasta su venida, y  logremos conquistar lo que nos corresponde en este tiempo.

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos si no desmayamos” (Gálatas 6:9)