Practicando la verdad

Por Olimpo Coneo

¿En qué consiste?


Cuando hablamos de practicar nos referimos a ejercitar, ejercer o usar. En la palabra practicando, utilizamos el gerundio progresivo para expresar continuidad en la acción de ejercitar o poner por obra la verdad.


Practicando la verdad, expresa el mensaje de vivirla continuamente, para no quedarnos en discursos de palabras muy elocuentes pero vacías por su ineficacia. En la vida cristiana, los discursos que no están sustentados por los hechos en el vivir cotidiano de quienes los predican o enseñan, resultan estériles y farisaicos.


Practicar la verdad implica actuar siempre con honestidad y sinceridad, expresando siempre lo que corresponde a la realidad; es cumplir siempre lo que se promete, así ello implique sacrificarse o salir perjudicado para hacerlo; es desechar la mentira en todas nuestras relaciones: Sociales, laborales, familiares y congregacionales; es ser coherentes entre lo que hablamos y lo que hacemos.


Practicar la verdad es andar en la luz haciendo lo bueno y aborreciendo lo malo, sometiendo sin 0 miedo nuestras vidas, como cartas abiertas al escrutinio de Dios y los hombres.


No nos conformemos a cierto entorno social


En el país se ha escuchado de casos, en los que al revisar hojas de vida se ha encontrado que algunas personas han faltado a la verdad, registrando datos de títulos, estudios o labores inexistentes, con el fin de fabricar un perfil académico o experiencial requerido para ocupar algún alto cargo. ¿Ha traído ello alguna consecuencia? Ninguna, ni siquiera se ruborizan los responsables cuando se hacen públicas tales inconsistencias.


Estas situaciones crean en el imaginario colectivo una especie de normalización de la mentira; es decir, está bien faltar a la verdad y es normal para alcanzar las metas. Y pudiera suceder que ese mensaje cale en nosotros como cristianos, de modo que lleguemos a asumir que, vivir la verdad es algo relativo u opcional; mentir no es solamente inofensivo, sino también necesario; aferrarse a la verdad es un fanatismo y de anticuados.


Si algún lector se inclina hacia esos pensamientos yo lo invito a reflexionar acerca de lo registrado en Hechos de los Apóstoles, 5:1-11, donde el juicio severo de Dios cayó sobre una pareja de la iglesia, quitándoles la vida de manera fulminante. ¿Habían adulterado, matado o dividido la iglesia? No, sencillamente mintieron. ¿Mentir será de veras tan grave delante de Dios? No pretendo concluir que toda mentira entre nosotros traiga siempre tan extremas consecuencias, pero al respecto considero, lo mejor es practicar siempre la verdad atendiendo la exhortación bíblica: “Por eso, ya no deben mentirse los unos a los otros. Todos nosotros somos miembros de un mismo cuerpo, así que digan siempre la verdad” (Efesios 4.25 TLA). No importa si en el entorno del mundo que nos rodea, mentir sea una estrategia válida.


La práctica de la verdad para ejercer un liderazgo


Cuando el pueblo de Israel marchaba rumbo a la tierra prometida, era tanto y tan agobiante el trabajo de Moisés, que se requirió de un liderazgo colectivo que lo ayudara en tan alta y compleja responsabilidad de dirigir el pueblo de Dios. Cuando hablamos de liderazgo, como describe R. Warren, “no tiene que ver con la posesión de una personalidad encantadora y llamativa, una gran
sonrisa o una voz de terciopelo. Lo que sí necesitas es carácter y credibilidad. El liderazgo es influencia, y sin credibilidad, su influencia no irá muy lejos”. Para forjar ese carácter que genere confianza y seguridad hay una virtud indispensable para forjarlo: Ser personas que hayan aprendido a practicar la verdad, a ser transparentes para desarrollar un liderazgo generador de confianza, tanto así, que a Moisés se le exhorta a escoger para aquel liderazgo, personas con un perfil muy definido: “Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez” (Éxodo 18:21).


La práctica de la verdad, distintiva de un carácter aprobado por Dios


En solo dos breves diálogos resumidos en cinco versículos, el apóstol Juan relata el testimonio de Jesucristo sobre un hombre casi anónimo en las Escrituras: Natanael. “…He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1:47).


Esas palabras sintetizan la integridad de una persona, que aunque pareciera un tanto descortés o poco diplomática, se granjeaba la credibilidad y el respeto de los otros. Esto es, alguien en quien, en virtud de practicar la verdad como su estilo de vida, se puede confiar ciegamente por ser un verdadero seguidor del Señor Jesucristo, sin doblez. Y no solo la confianza de los hombres hacia Él, lo más importante: Dios confía en alguien que practica la verdad. ¡Qué maravilloso si tuviéramos cada uno de nosotros tal aprobación y confianza del Señor Jesucristo! Conocedor absoluto de nuestro corazón.